ORIENTACIONES PARA EL
PROFESORADO UNIVERSITARIO
La
discapacidad, como ya hemos comentado, es un fenómeno complejo que se explica a
partir de modos de interacción entre las características del organismo humano y
las características de la sociedad en la que vive. De hecho, el concepto de
discapacidad varía de un país a otro y, tal y como reconocen las Naciones
Unidas en la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, evoluciona
en el tiempo dado que la interacción entre las personas con deficiencias y las
barreras de su entorno también evoluciona.
Con
el objetivo de poder determinar el perfil del estudiante con discapacidad que
llega a la universidad, hemos confeccionado la siguiente clasificación:
Discapacidad
sensorial visual: ceguera,
baja visión y otras afectaciones visuales.
Discapacidad
sensorial auditiva: sordera,
sordera en un oído, hipoacusia, dificultades auditivas, etc.
Discapacidad
física motriz: necesidades
o soporte para la movilidad. Puede estar vinculada a diferentes trastornos: parálisis cerebral, lesiones medulares,
enfermedades degenerativas, fibromialgia, distrofia muscular, paraplejia, etc.
Discapacidad
motriz orgánica: cualquier
enfermedad orgánica que requiera atención médicosanitaria. Destacan las
enfermedades renales (insuficiencia renal crónica), cardiopatías, oncológicas,
inmunológicas, etc.
Discapacidad
intelectual: funcionamiento
intelectual límite, algunas cromosomopatías a las que se les asocia
limitaciones cognitivas, etc., retraso mental límite, síndrome de Down, etc.
Trastorno
mental: trastornos
psicóticos, trastornos de ansiedad generalizada, trastornos de personalidad.
Trastorno
general del desarrollo: síndrome de
Asperger y autismo.
Trastorno
del aprendizaje: dislexia,
TDA con o sin hiperactividad, etc.
Esta
clasificación general y operativa de los diferentes tipos de
discapacidad/trastornos que podemos considerar en el contexto universitario nos
permite identificar las necesidades educativas generales que puede tener el
estudiante en función de su discapacidad. Los siguientes apartados recogen una
serie de recomendaciones dirigidas especialmente al profesorado. Se trata de un
conjunto de propuestas para adaptar la metodología docente y los canales de
comunicación, con el objetivo de que todos los estudiantes, con discapacidad o
sin ella, puedan seguir el curso académico en igualdad de condiciones.
De
cualquier modo, no se deberían estructurar acciones preestablecidas, ya que las
necesidades de cada estudiante pueden variar, independientemente de su discapacidad;
por otra parte, algunos estudiantes no necesitan que se les brinde apoyo ni que
se les proporcionen ayudas específicas.
Los
estudiantes con trastorno mental suelen presentar un comportamiento adaptativo
y emocional alterados, que pueden afectar a su rendimiento intelectual. Pueden
presentar dificultades para mantenerse concentrados y retener la información
relevante, así como problemas para organizarse y planificar las tareas.
En este caso las
necesidades están mayoritariamente relacionadas con las adaptaciones
curriculares. En este sentido, las recomendaciones para el profesorado son:
Accesibilidad
a la comunicación y socialización.
No suelen tener problemas en la comunicación
aunque en ocasiones las conversaciones pueden girar alrededor de ciertas
temáticas.
Adaptaciones
curriculares: contenidos, metodología y evaluación.
Es
importante favorecer la autoestima del estudiante.
Se
recomienda promover el trabajo en grupo, para que los estudiantes con este tipo
de trastorno puedan relacionarse con sus compañeros.
Dar
consignas claras y bien estructuradas para la realización de tareas.
Las
actividades de aprendizaje deberían simular situaciones reales y estar contextualizadas,
ello les facilitará hacer generalizaciones, promoverá el aprendizaje y ayudará
a que se mantengan concentrados.
A
ser posible, habría que proporcionarles los materiales con antelación.
Flexibilizar
el tiempo de ejecución de las pruebas o la entrega de actividades.,
especialmente si hubiera tratamientos médicos o crisis.
Tener
en cuenta que si el estudiante estuviera haciendo algún tratamiento, puede
estar bajo sus efectos, que pueden consistir en somnolencia, irritabilidad,
etc., con lo cual no debería hacer una prueba ni una actividad calificable.
DISCAPACIDAD INTELECTUAL.
La
discapacidad intelectual se caracteriza por limitaciones en el funcionamiento
intelectual y en la conducta adaptativa que se manifiesta a través de
habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Si entendemos la discapacidad
como una expresión de la interacción entre el estudiante y el entorno, las
habilidades del estudiante, sus posibilidades de participación funcional y la
adecuación de los apoyos son esenciales para su proceso inclusivo. Los
estudiantes con discapacidad intelectual pueden distraerse con facilidad ante
estímulos externos; por lo tanto, les cuesta mantener la atención.
Las
recomendaciones para el profesorado de estudiantes con discapacidad intelectual
son:
Accesibilidad
a la comunicación y socialización.
Fomentar
la interacción con sus compañeros, ya que estos estudiantes pueden tender al
aislamiento.
Darles
más tiempo para que expresen sus ideas y pensamientos.
Accesibilidad
a la información.
Potenciar
el uso de distintos canales sensoriales: auditivos, visuales y, a ser posible,
táctiles.
Accesibilidad
a los espacios.
No
presentan dificultades relacionadas con la accesibilidad a los espacios, aunque
el uso de carteles pictográficos puede ayudar a su comprensión.
Adaptaciones curriculares: contenidos,
metodología y evaluación
Usar
materiales atractivos y vistosos que potencien su atención.
Intentar
simular situaciones reales que les permitan identificar la aplicabilidad de las
competencias que se trabajen en clase.
Diversificar
los instrumentos de evaluación para recoger datos, como actividades de
aprendizaje, observaciones, entrevistas, autoevaluación, etc.).
Evitar
que haya ruidos en el aula que les puedan distraer.
Conceder
un 50% más de tiempo en las actividades de evaluación.
Es
muy importante insistir en sus logros, ya que tienen baja tolerancia a la
frustración.
Dar
instrucciones sencillas y directas, y permitirles el uso de recursos de apoyo.
Diseñar
actividades diferentes para que puedan trabajar los mismos contenidos de formas
diferentes, ya que necesitan más práctica para aprender.
DISCAPACIDAD FÍSICA
Motriz: necesidades o
soporte a la movilidad. Puede estar vinculada a diferentes trastornos:
parálisis cerebral, lesiones medulares, enfermedades degenerativas,
fibromialgia, distrofia muscular, paraplejia, etc.
Orgánica: cualquier
enfermedad orgánica que requiera atención médico-sanitaria. Destacan las
enfermedades renales (insuficiencia renal crónica), cardiopatías, oncológicas, inmunológicas,
etc.
Bajo el epígrafe
de discapacidad física se incluye, por una parte, a aquellos estudiantes que
presentan unas necesidades relacionadas con la movilidad, el equilibrio y la
postura derivadas de lesiones medulares, parálisis cerebral, enfermedades
degenerativas y, por otra, a aquellos estudiantes que debido a una enfermedad
orgánica requieren atención médico-sanitaria de forma periódica. En el primer
caso, la mayoría de los estudiantes dispondrán de dispositivos de ayuda técnica
para poder ser autónomos en su movimiento (silla de ruedas, muletas,
caminadores…). En el segundo caso, se trata de estudiantes que pueden presentar
con frecuencia absentismos debido a las revisiones médicas periódicas a las que
están sujetos.
Las
recomendaciones para el profesorado con este tipo de estudiantes están
relacionadas con:
Accesibilidad
a la comunicación y socialización.
Ciertos tipos de discapacidad física pueden ir
asociados a dificultades en el uso del lenguaje, tanto hablado como escrito. En
este sentido, hay que conceder el tiempo que sea necesario para que el
estudiante se pueda expresar y, si no hemos entendido lo que ha dicho,
hacérselo saber.
Al hablar con un estudiante que utilice silla
de ruedas, colocarse delante de él para que no tenga que girar la cabeza ni la
mirada e intentar colocarse a su misma altura.
Accesibilidad a la información
Facilitar el uso
de dispositivos de ayuda física para acceder a la información: ordenadores,
unicornios, etc.
Accesibilidad
a los espacios.
Adaptar
los espacios para que el estudiante pueda acceder al campus: aulas, pasillos,
parking, salas de reuniones, cafeterías, etc.
Comprobar
que en las aulas haya una mesa para que el estudiante se acomode con su silla
de ruedas.
Reservar
el lugar más próximo a la puerta para que el estudiante pueda acceder con
facilidad en silla de ruedas.
Prever un espacio por si el estudiante fuera
acompañado de un asistente en aquellos casos que sea necesario.
Adaptaciones
curriculares: contenidos, metodología y evaluación
Facilitar
el uso de grabadoras o la presencia de un asistente que le tome los apuntes, en
caso de tener dificultades en la escritura.
Interrumpir
la actividad cuando comprobemos que el estudiante pierde el control de sus
movimientos debido a la tensión muscular.
Prever
una prueba de evaluación escrita para los estudiantes con dificultades en el
habla y, al contrario, prever pruebas orales para los estudiantes de movilidad
reducida.
Los
estudiantes con este tipo de discapacidad pueden ausentarse con frecuencia
debido a la periodicidad de sus revisiones médicas. En estos casos, así como
cuando sufra una crisis o tenga que ausentarse para seguir un tratamiento
médico, es obligatorio retrasar la convocatoria de evaluación o la entrega de
actividades evaluadoras.
Fomentar la creación de grupos de trabajo que
faciliten su socialización y participación en el aula.
DISCAPACIDAD VISUAL
Ceguera,
baja visión y otras afectaciones visuales
La
discapacidad visual es un estado de limitación o de menor eficiencia, debido a
la interacción entre factores individuales (entre los que se encuentra la
deficiencia visual) y los de un contexto menos accesible. Se recoge un amplio
abanico de dificultades relacionadas con la visión, aunque hablamos de
discapacidad visual cuando existe disminución en la agudeza visual y en el
campo visual. Se trata, por tanto, de un término amplio que engloba tanto al
estudiante que no posee resto visual como a aquel otro que puede realizar
diferentes tareas utilizando instrumentos adecuados que potencien su
funcionalidad visual.
Tal
y como se puede revisar a continuación, la mayoría de las recomendaciones están
dirigidas a facilitar el acceso a la información y la comunicación:
Accesibilidad
a la comunicación y socialización.
Es
importante saludar al estudiante invidente y presentarnos por nuestro nombre,
mirándole a la cara para que la voz le llegue de forma adecuada.
Evitar,
en la medida de lo posible, la comunicación no verbal.
Promover
la participación de los estudiantes invidentes o de baja visión en los debates
a través de foros.
Accesibilidad
a la información.
Facilitar
los materiales en formato digital accesible.
Evitar,
en la medida de lo posible, el uso de documentación en papel.
Posibilitar
el uso de grabadoras, para que puedan grabar las explicaciones.
A
los estudiantes de baja visión, preguntarles qué tamaño de letra necesitan.
Si
el estudiante no pudiera disponer de recursos digitales accesibles, gestionar
la posibilidad de que pueda tener un asistente.
Si
está prevista la utilización de aulas de informática, es necesario comprobar
que el ordenador tenga instalado el programa necesario y valorar si los
programas/ aplicaciones específicas son
accesibles.
Accesibilidad
a los espacios.
Mantener
la distribución de las mesas a lo largo del curso y evitar el cambio de aula.
Evitar
que haya obstáculos en el aula, como sillas, ventanas o puertas entreabiertas.
Cuando
haya un estudiante de baja visión, garantizar que el aula esté bien iluminada,
si bien hay que evitar que esté expuesto directamente a la luz.
En el aula, garantizar que hay una mesa en la
que los estudiantes puedan apoyar el ordenado.
Si
un estudiante ciego tiene un perro guía, prever un espacio para éste en el
aula.
Adaptaciones
curriculares: contenidos, metodología y evaluación
Proporcionar
los materiales de aprendizaje con anterioridad. En el caso de la bibliografía
obligatoria, es necesario tener en cuenta que si las obras de consulta
obligatoria no están adaptadas, se requerirá un tiempo para hacer la
adaptación.
Describir
lo que se escriba en la pizarra en voz alta.
Incorporar
el uso de la pizarra digital para los estudiantes con baja visión.
Garantizar,
si el alumno lo necesita, un puesto en primera fila.
En
las actividades de evaluación, los estudiantes con discapacidad visual
dispondrán de un 50% más de tiempo.
Atendiendo
a las necesidades individuales, la adaptación de la evaluación podría ir desde
la asistencia de un lector hasta el uso de ordenador sin datos y, de forma
excepcional, la prueba oral.
DISCAPACIDAD AUDITIVA.
Los
estudiantes con discapacidad auditiva presentan una pérdida en la funcionalidad
del sistema auditivo que afecta, de manera leve, moderada o severa, a la
percepción auditiva, surgiendo en su interacción con el entorno unas
necesidades educativas. Partiendo de que la audición es la vía principal a
través de la cual se desarrolla el lenguaje y el habla, será este ámbito de
actuación el que más adaptaciones requiera. Los estudiantes con hipoacusia, aun
teniendo pérdida auditiva, son capaces de utilizar el lenguaje oral de manera
funcional en su proceso comunicativo, aunque necesitarán en la mayoría de los
casos de la utilización de unas prótesis adecuadas. Para los estudiantes cuyos
restos auditivos no son aprovechables, la visión se convertirá en su principal
canal de comunicación.
Las
recomendaciones al profesorado de estudiantes con discapacidad auditiva están
relacionadas con:
Accesibilidad
a la comunicación y socialización
La
mayoría de estos estudiantes se comunican mediante la lengua oral con el apoyo
de los audífonos o los implantes cocleares, la lectura labiofacial y el gesto
natural. Por tanto, necesitan visualizar bien la cara (lectura labiofacial) y
las manos (gesto natural) del profesorado y de sus compañeros/as.
Asegurarse
de que el estudiante puede mantener todo el tiempo contacto visual con su
interlocutor. Se recomienda hablar de cara a los estudiantes, con gestos y
articulando y proyectando la voz.
Es
muy importante tener en cuenta el punto anterior en un contexto de aprendizaje
en grupo donde se generen situaciones de debate, con el fin de facilitar su
participación.
Aprovechar
las TIC para que el estudiante se pueda comunicar de forma escrita. En este
sentido, se puede sacar partido del foro para promover debates por escrito en
los que todos puedan expresarse.
Algunos
de estos estudiantes se comunican mediante la lengua de signos, y por tanto,
necesitan de intérprete.
Accesibilidad
a la información.
Los
estudiantes con pérdida auditiva pueden aprovechar mucho más las clases con el
uso de las emisoras de frecuencia modulada.
Es
importante subtitular el material audiovisual o bien dar un guion que facilite
su seguimiento.
Prever
la presencia de un intérprete de signos o de un asistente que tome apuntes, en
caso de que sea necesario.
Accesibilidad
a los espacios.
Aunque
los estudiantes con discapacidad auditiva no suelen presentar dificultades para
acceder a los espacios, hay que tener en cuenta que las clases con excesivo
ruido puede provocar una amplificación de los sonidos en aquellos que, debido a
una hipoacusia, llevan audífonos.
Es
conveniente que el aula esté bien iluminada, para que el estudiante pueda ver
los gestos y el movimiento de labios del profesorado.
Colocar
señales luminosas en las construcciones y, sobre todo, en las salidas de
emergencia.
Adaptaciones
curriculares: contenidos, metodología y evaluación.
Tener
en cuenta que mientras un estudiante mantiene contacto visual, ya sea leyendo
los labios o mirando al intérprete, no puede tomar apuntes. En este sentido,
hay que conceder suficiente tiempo para la toma de notas o disponer de una
persona que tome apuntes.
Reservar
sitio para estos estudiantes en la primera fila.
Evitar
moverse por el aula, y situarse frente al estudiante.
Proporcionar
el material docente y de aprendizaje con anterioridad.
Si
se va a realizar una actividad, facilitar las instrucciones por escrito.
Es conveniente que el estudiante con
discapacidad auditiva pueda disponer de un 50% más de tiempo para realizar las
actividades de evaluación.






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