miércoles, 1 de junio de 2016

ORIENTACIONES PARA EL PROFESORADO UNIVERSITARIO

ORIENTACIONES PARA EL PROFESORADO UNIVERSITARIO

La discapacidad, como ya hemos comentado, es un fenómeno complejo que se explica a partir de modos de interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive. De hecho, el concepto de discapacidad varía de un país a otro y, tal y como reconocen las Naciones Unidas en la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, evoluciona en el tiempo dado que la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras de su entorno también evoluciona. 
Con el objetivo de poder determinar el perfil del estudiante con discapacidad que llega a la universidad, hemos confeccionado la siguiente clasificación:

Discapacidad sensorial visual: ceguera, baja visión y otras afectaciones visuales.
Discapacidad sensorial auditiva: sordera, sordera en un oído, hipoacusia, dificultades auditivas, etc. 
Discapacidad física motriz: necesidades o soporte para la movilidad. Puede estar vinculada a diferentes trastornos: parálisis cerebral, lesiones medulares, enfermedades degenerativas, fibromialgia, distrofia muscular, paraplejia, etc.
Discapacidad motriz orgánica: cualquier enfermedad orgánica que requiera atención médicosanitaria. Destacan las enfermedades renales (insuficiencia renal crónica), cardiopatías, oncológicas, inmunológicas, etc.
Discapacidad intelectual: funcionamiento intelectual límite, algunas cromosomopatías a las que se les asocia limitaciones cognitivas, etc., retraso mental límite, síndrome de Down, etc.
Trastorno mental: trastornos psicóticos, trastornos de ansiedad generalizada, trastornos de personalidad.
Trastorno general del desarrollo: síndrome de Asperger y autismo.
Trastorno del aprendizaje: dislexia, TDA con o sin hiperactividad, etc.

Esta clasificación general y operativa de los diferentes tipos de discapacidad/trastornos que podemos considerar en el contexto universitario nos permite identificar las necesidades educativas generales que puede tener el estudiante en función de su discapacidad. Los siguientes apartados recogen una serie de recomendaciones dirigidas especialmente al profesorado. Se trata de un conjunto de propuestas para adaptar la metodología docente y los canales de comunicación, con el objetivo de que todos los estudiantes, con discapacidad o sin ella, puedan seguir el curso académico en igualdad de condiciones. 
De cualquier modo, no se deberían estructurar acciones preestablecidas, ya que las necesidades de cada estudiante pueden variar, independientemente de su discapacidad; por otra parte, algunos estudiantes no necesitan que se les brinde apoyo ni que se les proporcionen ayudas específicas.



TRASTORNO  MENTAL.
Los estudiantes con trastorno mental suelen presentar un comportamiento adaptativo y emocional alterados, que pueden afectar a su rendimiento intelectual. Pueden presentar dificultades para mantenerse concentrados y retener la información relevante, así como problemas para organizarse y planificar las tareas. 
En este caso las necesidades están mayoritariamente relacionadas con las adaptaciones curriculares. En este sentido, las recomendaciones para el profesorado son:
Accesibilidad a la comunicación y socialización.
 No suelen tener problemas en la comunicación aunque en ocasiones las conversaciones pueden girar alrededor de ciertas temáticas.
Adaptaciones curriculares: contenidos, metodología y evaluación.
Es importante favorecer la autoestima del estudiante.
Se recomienda promover el trabajo en grupo, para que los estudiantes con este tipo de trastorno puedan relacionarse con sus compañeros.
Dar consignas claras y bien estructuradas para la realización de tareas.
Las actividades de aprendizaje deberían simular situaciones reales y estar contextualizadas, ello les facilitará hacer generalizaciones, promoverá el aprendizaje y ayudará a que se mantengan concentrados.
A ser posible, habría que proporcionarles los materiales con antelación.
Flexibilizar el tiempo de ejecución de las pruebas o la entrega de actividades., especialmente si hubiera tratamientos médicos o crisis.
Tener en cuenta que si el estudiante estuviera haciendo algún tratamiento, puede estar bajo sus efectos, que pueden consistir en somnolencia, irritabilidad, etc., con lo cual no debería hacer una prueba ni una actividad calificable.

DISCAPACIDAD   INTELECTUAL.

La discapacidad intelectual se caracteriza por limitaciones en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa que se manifiesta a través de habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Si entendemos la discapacidad como una expresión de la interacción entre el estudiante y el entorno, las habilidades del estudiante, sus posibilidades de participación funcional y la adecuación de los apoyos son esenciales para su proceso inclusivo. Los estudiantes con discapacidad intelectual pueden distraerse con facilidad ante estímulos externos; por lo tanto, les cuesta mantener la atención.
Las recomendaciones para el profesorado de estudiantes con discapacidad intelectual son: 
Accesibilidad a la comunicación y socialización.
Fomentar la interacción con sus compañeros, ya que estos estudiantes pueden tender al aislamiento.
Darles más tiempo para que expresen sus ideas y pensamientos.

Accesibilidad a la información.
Potenciar el uso de distintos canales sensoriales: auditivos, visuales y, a ser posible, táctiles.

Accesibilidad a los espacios.
No presentan dificultades relacionadas con la accesibilidad a los espacios, aunque el uso de carteles pictográficos puede ayudar a su comprensión.

Adaptaciones curriculares: contenidos, metodología y evaluación
Usar materiales atractivos y vistosos que potencien su atención.
Intentar simular situaciones reales que les permitan identificar la aplicabilidad de las competencias que se trabajen en clase.
Diversificar los instrumentos de evaluación para recoger datos, como actividades de aprendizaje, observaciones, entrevistas, autoevaluación, etc.).
Evitar que haya ruidos en el aula que les puedan distraer.
Conceder un 50% más de tiempo en las actividades de evaluación.
Es muy importante insistir en sus logros, ya que tienen baja tolerancia a la frustración.
Dar instrucciones sencillas y directas, y permitirles el uso de recursos de apoyo.
Diseñar actividades diferentes para que puedan trabajar los mismos contenidos de formas diferentes, ya que necesitan más práctica para aprender.

DISCAPACIDAD   FÍSICA

Motriz: necesidades o soporte a la movilidad. Puede estar vinculada a diferentes trastornos: parálisis cerebral, lesiones medulares, enfermedades degenerativas, fibromialgia, distrofia muscular, paraplejia, etc.
Orgánica: cualquier enfermedad orgánica que requiera atención médico-sanitaria. Destacan las enfermedades renales (insuficiencia renal crónica), cardiopatías, oncológicas, inmunológicas, etc.
Bajo el epígrafe de discapacidad física se incluye, por una parte, a aquellos estudiantes que presentan unas necesidades relacionadas con la movilidad, el equilibrio y la postura derivadas de lesiones medulares, parálisis cerebral, enfermedades degenerativas y, por otra, a aquellos estudiantes que debido a una enfermedad orgánica requieren atención médico-sanitaria de forma periódica. En el primer caso, la mayoría de los estudiantes dispondrán de dispositivos de ayuda técnica para poder ser autónomos en su movimiento (silla de ruedas, muletas, caminadores…). En el segundo caso, se trata de estudiantes que pueden presentar con frecuencia absentismos debido a las revisiones médicas periódicas a las que están sujetos.
Las recomendaciones para el profesorado con este tipo de estudiantes están relacionadas con: 
Accesibilidad a la comunicación y socialización.
Ciertos  tipos de discapacidad física pueden ir asociados a dificultades en el uso del lenguaje, tanto hablado como escrito. En este sentido, hay que conceder el tiempo que sea necesario para que el estudiante se pueda expresar y, si no hemos entendido lo que ha dicho, hacérselo saber.
 Al hablar con un estudiante que utilice silla de ruedas, colocarse delante de él para que no tenga que girar la cabeza ni la mirada e intentar colocarse a su misma altura.
Accesibilidad a la información
Facilitar el uso de dispositivos de ayuda física para acceder a la información: ordenadores, unicornios, etc.
Accesibilidad a los espacios.
Adaptar los espacios para que el estudiante pueda acceder al campus: aulas, pasillos, parking, salas de reuniones, cafeterías, etc.
Comprobar que en las aulas haya una mesa para que el estudiante se acomode con su silla de ruedas.
Reservar el lugar más próximo a la puerta para que el estudiante pueda acceder con facilidad en silla de ruedas. 
 Prever un espacio por si el estudiante fuera acompañado de un asistente en aquellos casos que sea necesario.

Adaptaciones curriculares: contenidos, metodología y evaluación
Facilitar el uso de grabadoras o la presencia de un asistente que le tome los apuntes, en caso de tener dificultades en la escritura.
Interrumpir la actividad cuando comprobemos que el estudiante pierde el control de sus movimientos debido a la tensión muscular.
Prever una prueba de evaluación escrita para los estudiantes con dificultades en el habla y, al contrario, prever pruebas orales para los estudiantes de movilidad reducida. 
Los estudiantes con este tipo de discapacidad pueden ausentarse con frecuencia debido a la periodicidad de sus revisiones médicas. En estos casos, así como cuando sufra una crisis o tenga que ausentarse para seguir un tratamiento médico, es obligatorio retrasar la convocatoria de evaluación o la entrega de actividades evaluadoras.
 Fomentar la creación de grupos de trabajo que faciliten su socialización y participación en el aula.

DISCAPACIDAD VISUAL

Ceguera, baja visión y otras afectaciones visuales
La discapacidad visual es un estado de limitación o de menor eficiencia, debido a la interacción entre factores individuales (entre los que se encuentra la deficiencia visual) y los de un contexto menos accesible. Se recoge un amplio abanico de dificultades relacionadas con la visión, aunque hablamos de discapacidad visual cuando existe disminución en la agudeza visual y en el campo visual. Se trata, por tanto, de un término amplio que engloba tanto al estudiante que no posee resto visual como a aquel otro que puede realizar diferentes tareas utilizando instrumentos adecuados que potencien su funcionalidad visual.
Tal y como se puede revisar a continuación, la mayoría de las recomendaciones están dirigidas a facilitar el acceso a la información y la comunicación:
Accesibilidad a la comunicación y socialización.
Es importante saludar al estudiante invidente y presentarnos por nuestro nombre, mirándole a la cara para que la voz le llegue de forma adecuada.
Evitar, en la medida de lo posible, la comunicación no verbal.
Promover la participación de los estudiantes invidentes o de baja visión en los debates a través de foros. 
Accesibilidad a la información.
Facilitar los materiales en formato digital accesible.
Evitar, en la medida de lo posible, el uso de documentación en papel.
Posibilitar el uso de grabadoras, para que puedan grabar las explicaciones. 
A los estudiantes de baja visión, preguntarles qué tamaño de letra necesitan.
Si el estudiante no pudiera disponer de recursos digitales accesibles, gestionar la posibilidad de que pueda tener un asistente.
Si está prevista la utilización de aulas de informática, es necesario comprobar que el ordenador tenga instalado el programa necesario y valorar si los programas/ aplicaciones específicas  son accesibles.

Accesibilidad a los espacios.
Mantener la distribución de las mesas a lo largo del curso y evitar el cambio de aula.
Evitar que haya obstáculos en el aula, como sillas, ventanas o puertas entreabiertas.
Cuando haya un estudiante de baja visión, garantizar que el aula esté bien iluminada, si bien hay que evitar que esté expuesto directamente a la luz.
 En el aula, garantizar que hay una mesa en la que los estudiantes puedan apoyar el ordenado.
Si un estudiante ciego tiene un perro guía, prever un espacio para éste en el aula.

Adaptaciones curriculares: contenidos, metodología y evaluación
Proporcionar los materiales de aprendizaje con anterioridad. En el caso de la bibliografía obligatoria, es necesario tener en cuenta que si las obras de consulta obligatoria no están adaptadas, se requerirá un tiempo para hacer la adaptación.
Describir lo que se escriba en la pizarra en voz alta.
Incorporar el uso de la pizarra digital para los estudiantes con baja visión.
Garantizar, si el alumno lo necesita, un puesto en primera fila.
En las actividades de evaluación, los estudiantes con discapacidad visual dispondrán de un 50% más de tiempo. 

Atendiendo a las necesidades individuales, la adaptación de la evaluación podría ir desde la asistencia de un lector hasta el uso de ordenador sin datos y, de forma excepcional, la prueba oral. 


DISCAPACIDAD AUDITIVA.

Los estudiantes con discapacidad auditiva presentan una pérdida en la funcionalidad del sistema auditivo que afecta, de manera leve, moderada o severa, a la percepción auditiva, surgiendo en su interacción con el entorno unas necesidades educativas. Partiendo de que la audición es la vía principal a través de la cual se desarrolla el lenguaje y el habla, será este ámbito de actuación el que más adaptaciones requiera. Los estudiantes con hipoacusia, aun teniendo pérdida auditiva, son capaces de utilizar el lenguaje oral de manera funcional en su proceso comunicativo, aunque necesitarán en la mayoría de los casos de la utilización de unas prótesis adecuadas. Para los estudiantes cuyos restos auditivos no son aprovechables, la visión se convertirá en su principal canal de comunicación.
Las recomendaciones al profesorado de estudiantes con discapacidad auditiva están relacionadas con:

Accesibilidad a la comunicación y socialización
La mayoría de estos estudiantes se comunican mediante la lengua oral con el apoyo de los audífonos o los implantes cocleares, la lectura labiofacial y el gesto natural. Por tanto, necesitan visualizar bien la cara (lectura labiofacial) y las manos (gesto natural) del profesorado y de sus compañeros/as.
Asegurarse de que el estudiante puede mantener todo el tiempo contacto visual con su interlocutor. Se recomienda hablar de cara a los estudiantes, con gestos y articulando y proyectando la voz. 
Es muy importante tener en cuenta el punto anterior en un contexto de aprendizaje en grupo donde se generen situaciones de debate, con el fin de facilitar su participación. 
Aprovechar las TIC para que el estudiante se pueda comunicar de forma escrita. En este sentido, se puede sacar partido del foro para promover debates por escrito en los que todos puedan expresarse.
Algunos de estos estudiantes se comunican mediante la lengua de signos, y por tanto, necesitan de intérprete.

Accesibilidad a la información.
Los estudiantes con pérdida auditiva pueden aprovechar mucho más las clases con el uso de las emisoras de frecuencia modulada.
Es importante subtitular el material audiovisual o bien dar un guion que facilite su seguimiento.
Prever la presencia de un intérprete de signos o de un asistente que tome apuntes, en caso de que sea necesario.

Accesibilidad a los espacios.
Aunque los estudiantes con discapacidad auditiva no suelen presentar dificultades para acceder a los espacios, hay que tener en cuenta que las clases con excesivo ruido puede provocar una amplificación de los sonidos en aquellos que, debido a una hipoacusia, llevan audífonos. 
Es conveniente que el aula esté bien iluminada, para que el estudiante pueda ver los gestos y el movimiento de labios del profesorado.
Colocar señales luminosas en las construcciones y, sobre todo, en las salidas de emergencia.

Adaptaciones curriculares: contenidos, metodología y evaluación.
Tener en cuenta que mientras un estudiante mantiene contacto visual, ya sea leyendo los labios o mirando al intérprete, no puede tomar apuntes. En este sentido, hay que conceder suficiente tiempo para la toma de notas o disponer de una persona que tome apuntes.
Reservar sitio para estos estudiantes en la primera fila.
Evitar moverse por el aula, y situarse frente al estudiante.
Proporcionar el material docente y de aprendizaje con anterioridad.
Si se va a realizar una actividad, facilitar las instrucciones por escrito.

 Es conveniente que el estudiante con discapacidad auditiva pueda disponer de un 50% más de tiempo para realizar las actividades de evaluación. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario