INTERVENCIÓN INSTITUCIONAL PARA LA INCLUSIÓN.
Las
universidades, durante los últimos años, han realizado un gran avance en la
gestión política y administrativa para establecer líneas de actuación más
inclusivas que permita garantizar los derechos de todos los estudiantes
(incluidos los estudiantes con discapacidad) en todos los ámbitos (personal,
educativo, laboral) basándose en los principios de accesibilidad universal y
diseño para todos.
A
pesar de los esfuerzos que la Universidad está acometiendo para alcanzar y
desarrollar procesos de inclusión educativa de calidad, todavía queda un largo
camino por recorrer. No podemos olvidar que la calidad, y en definitiva la
excelencia, de cualquier sistema educativo está directamente relacionado con la
capacidad que la institución tiene para dar respuesta a los estudiantes
susceptibles de ser excluidos socialmente.
Aquellas
instituciones públicas y/o privadas que pretendan ser excelentes en sus
respectivos ámbitos, deberán considerar e incorporar la capacidad de
implementar procesos de inclusión dentro de sus organizaciones como una medida
clave. Una universidad será excelente por disponer de magníficos resultados en
la docencia e investigación, pero también por su capacidad para desarrollar
políticas inclusivas que permitan el acceso a la formación de aquellos
estudiantes que más dificultades tienen, posibilitando y logrando la autonomía
y empoderamiento de los mismos. Para ello, la universidad, como institución que
genera conocimiento y transformación social, deberá desarrollar las medidas y
acciones oportunas que permitan lograr una inclusión real de los colectivos más
desfavorecidos y, entre ellos, de las personas con discapacidad. Sólo de esta
forma se logrará una universidad inclusiva que revertirá en una sociedad más justa.
En
este sentido, una de las primeras acciones que como institución debe llevar a
cabo la universidad es velar por el cumplimiento del marco legal existente en
el ámbito de la discapacidad, legislación que algunas universidades han
desarrollado mediante la aprobación de reglamentos específicos y que tienten
como objetivo garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso, la
permanencia y el egreso de los estudiantes con discapacidad.
Las
medidas adoptadas en la dirección señalada deben ser transferidas a todos los
órganos y agentes implicados en los diferentes procesos en los que los
estudiantes se ven implicados durante su estancia en la Universidad (formación,
investigación, participación, etcétera) y deben ser también evaluadas para
conocer su grado de cumplimiento.
Se
materializa así el compromiso de la
institución en todos los niveles (rectorado, decanatos, coordinadores de
titulación, profesorado, personal de administración y servicios, estudiantes,
visitantes, etc.) y con todas las personas, que la sienten como propia y a la
que ofrecen su trabajo y coordinación para conseguir las mejores respuestas
posibles. Hablamos de un compromiso institucional que se complementa con la
implicación de colectivos y personas y que consigue un perfecto equilibrio entre los derechos y los
deberes de toda la comunidad universitaria. Hablamos también de la universidad
como un espacio de convivencia real y democrática, cuya expresión superior
sería la de un campus universitario inclusivo.

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